Cómo dejar de decir "eh" y "mmm" (sin sonar como un robot)
Por Michael Tournaud
Las muletillas no son el problema. Usarlas sin parar sí lo es. La persona media dice "mmm" o "eh" unas cinco veces por minuto, y la investigación demuestra que eso, en realidad, está bien. El problema empieza cuando superas más o menos el 1.3% del total de tus palabras. Pasado ese umbral, quien te escucha empieza a valorarte como menos preparado, menos creíble y menos competente. No por lo que dijiste. Por cómo lo dijiste.
Yo era una persona de "mmm" crónico. Una vez me grabé en una llamada de trabajo y conté 47 muletillas en 10 minutos. Cuarenta y siete. Casi cinco por minuto, lo que suena manejable hasta que caes en que estaba presentando los resultados trimestrales a los directivos. La mitad seguramente estaba jugando al bingo de las muletillas.
Esto es lo que me funcionó para recortar esa cifra un 80% en unas seis semanas. Sin clases de interpretación. Sin preparadores caros. Solo entender por qué aparecen las muletillas y practicar unas cuantas técnicas concretas hasta que se volvieron automáticas.
¿Por qué decimos "mmm" para empezar?
Tu cerebro trabaja más rápido de lo que tu boca puede moverse. Ese es el problema de fondo. Las muletillas son el colchón: te guardan el sitio en la conversación mientras tu cerebro se pone al día para decidir qué decir a continuación.
El lingüista de Stanford Herbert Clark descubrió que "mmm" y "eh" no son errores ni basura verbal. En realidad son palabras que tu cerebro planifica y produce a propósito. Funcionan como gestores de la conversación: señales que le dicen a quien te escucha "sigo hablando, no me interrumpas, solo estoy pensando un segundo".
Lo interesante: "mmm" y "eh" significan cosas distintas. La investigación sugiere que decimos "mmm" cuando decidimos qué decir y "eh" cuando decidimos cómo decirlo. "Mmm" anuncia una pausa más larga. "Eh" anuncia una más corta. Tu cerebro de verdad distingue entre ambas.
Así que las muletillas cumplen una función. Retienen el turno de palabra. Compran tiempo para pensar. No son malas en sí mismas: se convierten en problema cuando son tu única herramienta para manejar las pausas. Cuando cada hueco se rellena con ruido en lugar de silencio, empiezas a sonar inseguro. Aunque no lo estés.
¿Qué pasa cuando usas demasiadas muletillas?
Unos investigadores de Cal Poly pusieron a los participantes a escuchar a oradores con distintos ritmos de muletillas. Los resultados fueron claros: los oradores con más muletillas fueron valorados como menos profesionales, menos creíbles y menos competentes. El contenido real de su mensaje no cambiaba, solo la forma de decirlo.
Otro estudio lo puso a prueba con más precisión. Variaron el ritmo de muletillas de 0 a 12 por minuto y midieron la percepción. ¿Cinco muletillas por minuto? Ningún impacto negativo significativo. ¿Doce por minuto? Caídas notables en la eficacia percibida. El punto óptimo existe, solo que está más abajo de lo que la mayoría cree.
Una cifra que se me quedó grabada: las grabaciones sin muletillas obtuvieron un 5.93 en competencia comunicativa. Las grabaciones con muletillas vocales sacaron un 3.99. Mismos oradores. Mismo contenido. La única diferencia eran esos pequeños sonidos entre ideas.
El argumento de negocio también es real. Un estudio de televenta descubrió que las tasas de éxito caían en picado cuando el uso de muletillas superaba el 1.3% del total de palabras. Eso es más o menos una muletilla por cada 77 palabras. Parece un margen enorme, hasta que caes en la rapidez con que se acumulan cuando estás nervioso.
¿Cómo reduces de verdad las muletillas?
Primero, la toma de conciencia. No puedes arreglar lo que no notas. Grábate en tu próxima llamada —la mayoría de las herramientas de videoconferencia guardan las grabaciones— y cuenta tus muletillas. La cifra probablemente te sorprenderá. A mí me sorprendió.
Los estudios muestran que los estudiantes que recibieron retroalimentación en tiempo real sobre su uso de muletillas las redujeron tres veces más que quienes no recibieron ninguna. Incluso la retroalimentación tardía recortó el ritmo de muletillas un 60%. Solo con saber que el problema existe ya se nota la diferencia.
Técnica 1: cambia las muletillas por pausas
Esta es la habilidad central. Cuando notes que sube el "mmm", cierra la boca en su lugar. Solo detente. Deja que exista el silencio.
Suena sencillo. Da terror. El silencio parece estirarse eternamente cuando eres tú quien espera. Pero esto es lo que muestra la investigación: decir "mmm" hace que quien habla parezca más ansioso que dejar un silencio. Las pausas se leen como reflexión. Las muletillas se leen como nervios.
La técnica: píllate justo antes de la muletilla y no sustituyas por nada. Literalmente nada. Respira si lo necesitas, pero no emitas sonido. La pausa te parece una eternidad. Para quien te escucha, es un orador seguro que se toma un momento para elegir sus palabras.
Practícalo en conversaciones de bajo riesgo. Cuando alguien te haga una pregunta, haz una pausa de un segundo entero antes de responder. Siente lo incómodo que es ese segundo. Luego habla. Hazlo suficientes veces y las pausas se convertirán en territorio natural, en lugar de un vacío del que huir.
Técnica 2: baja el ritmo al hablar
El habla rápida crea oportunidades para las muletillas. Tu boca adelanta a tu cerebro y las muletillas son el mecanismo para ponerse al día. Cuando bajas el ritmo, necesitas menos colchones.
La velocidad media al hablar es de unas 135 palabras por minuto. Los oradores nerviosos suelen alcanzar 170 o más. A ese ritmo, tu cerebro va corriendo constantemente para no quedarse atrás, y el "mmm" le compra una fracción de segundo para pensar.
Prueba a hablar al 70% de tu velocidad normal. Te parecerá ridículamente lento, casi condescendiente. Ahí es exactamente donde quieres estar. Tu cerebro por fin tiene tiempo de preparar la siguiente frase antes de que tu boca la necesite. Las muletillas se evaporan porque ya no las necesitas.
Técnica 3: agrupa tus ideas
La mayoría de las muletillas aparecen entre ideas. Terminas un pensamiento y rellenas el hueco mientras buscas el siguiente. La solución: organiza mentalmente tu respuesta en bloques concretos antes de hablar.
Cuando alguien te haga una pregunta, no empieces a hablar de inmediato. Tómate un instante. Identifica los dos o tres puntos que quieres exponer. Luego suéltalos de uno en uno, con pausas intencionadas entre cada uno.
Esto adelanta el trabajo de pensar. En lugar de buscar tu siguiente punto mientras hablas, ya has trazado el terreno. Las pausas entre bloques no son carreras torpes: son transiciones seguras.
Técnica 4: practica con una palabra gatillo
Elige una palabra para decir mentalmente en lugar de "mmm". Algunos usan "pausa". Otros usan "respira". La palabra en sí da igual. La idea es crear una interrupción consciente del hábito automático de la muletilla.
Cuando notes el impulso de la muletilla, piensa en silencio tu palabra gatillo. Esto rompe el automatismo. Tu cerebro iba a producir "mmm" sin intervención consciente. El gatillo lo hace consciente, y eso lo hace controlable.
Al cabo de unas semanas, ya no necesitarás el gatillo. La pausa misma se vuelve automática. Pero el gatillo es un buen apoyo mientras aprendes.
Técnica 5: acepta algunas muletillas
Eliminarlas por completo no es el objetivo. Ni siquiera es posible. ¿Y sinceramente? Los oradores con cero muletillas suenan un poco robóticos. La investigación muestra que un ritmo bajo pero distinto de cero —alrededor de cinco por minuto— no afecta negativamente a la percepción.
La doctora Angela Corbo, de la Universidad de Widener, lo expresa así: "Las muletillas a veces cumplen esa función. Indican que ese es el momento en el que invitas a la gente a pensar".
El objetivo es reducir las muletillas de una muleta que distrae a un marcador de pausa ocasional y natural. Si estás en 15 por minuto, llega a 8. Si estás en 8, llega a 5. No te obsesiones con la perfección: apunta a una reducción cómoda.
¿Las muletillas significan de verdad que eres menos inteligente?
No. Si acaso, quizá sea lo contrario.
De hecho, un gran estudio de textos descubrió que las muletillas conversacionales como "o sea" y "ya sabes" las usaban más las personas más concienzudas, las que se preocupan por decir bien las cosas. (Ese estudio analizó esos marcadores del discurso, y no específicamente "mmm" y "eh".) Pararse a pensar refleja reflexión, no estupidez.
Otro estudio descubrió algo sorprendente sobre la honestidad: las personas que decían la verdad usaban más muletillas. Los "casos de 'mmm' eran significativamente más frecuentes y de mayor duración acústica al decir la verdad que al mentir". Al parecer, los mentirosos planifican su discurso con más cuidado porque están construyendo un relato. Quien dice la verdad procesa la realidad en tiempo real, lo que genera más titubeos.
Los profesores de humanidades usan muletillas 4.76 veces por cada cien palabras. ¿Y los de ciencias exactas? Solo 1.47 veces. No es porque los científicos sean más listos, sino porque el material de humanidades es más difícil de poner en palabras con precisión, lo que exige más procesamiento verbal en tiempo real.
Así que las muletillas no son señal de poca inteligencia. Pero a la percepción le da igual la realidad. Quien escucha valora a los oradores con muletillas excesivas como menos competentes, sin importar lo que sea verdad. Estás gestionando la percepción, no demostrando tu cociente intelectual.
¿Cuánto se tarda en mejorar?
Según mi experiencia: dos semanas para notar el problema, cuatro semanas para empezar a pillarte y seis semanas para ver una reducción real.
La investigación respalda esta cronología. La retroalimentación en tiempo real produce mejora inmediata: tres veces menos muletillas. La práctica deliberada durante 4-8 semanas crea un cambio duradero. La progresión no es lineal. Tendrás días buenos y días de recaída. Es normal.
Lo que importa es el hábito de grabarte. Escúchate con regularidad. Cuenta las muletillas. Sigue la cifra con el paso de las semanas. Los datos te mantienen honesto cuando la percepción subjetiva miente. Creerás que usas muchas más muletillas de las que en realidad usas, lo que puede desanimar, hasta que comparas con la grabación del mes pasado.
Ejercicios rápidos para probar hoy
No te limites a leer esto. Practica algo.
- La grabación de un minuto: habla de cualquier tema durante 60 segundos. Grábalo. Cuenta tus muletillas. Este es tu punto de partida.
- La práctica de la pausa: responde tres preguntas en voz alta, haciendo una pausa de dos segundos enteros antes de cada respuesta. Fíjate en cómo se siente la pausa frente a cómo suena.
- El habla a cámara lenta: lee un párrafo a media velocidad. Siente lo mucho más fácil que es pensar por adelantado cuando tu boca no va a la carrera.
- La prueba del amigo: pídele a alguien que levante la mano cada vez que digas "mmm" en una conversación de cinco minutos. La retroalimentación instantánea es brutalmente eficaz.
La conclusión sobre las muletillas
Las muletillas existen por una razón. Tu cerebro las usa para retener el turno y comprar tiempo para pensar. No es un defecto de carácter: es una característica del habla humana que existe en todos los idiomas de la Tierra.
Pero un exceso de muletillas socava tu credibilidad. Hacen que suenes nervioso aunque no lo estés. Distraen de tu mensaje real. Y se corrigen sorprendentemente bien con las técnicas adecuadas.
La solución no es eliminar las muletillas por completo. Es cambiar la mayoría por silencio. Las pausas transmiten seguridad. Las muletillas transmiten ansiedad. El mismo hueco, una percepción completamente distinta.
- Grábate con regularidad: la conciencia impulsa la mejora
- Cambia las muletillas por pausas, no por más palabras
- Baja el ritmo para darle tiempo a tu cerebro a prepararse
- Agrupa tus ideas antes de hablar
- Acepta que algunas muletillas son normales e incluso útiles
Empieza por la grabación de un minuto. Cuenta tu punto de partida. Luego elige una técnica y practícala durante dos semanas. Te sorprenderá lo rápido que "mmm" deja de ser automático, y lo mucho más seguro que suenas cuando el silencio llena los huecos en su lugar.
Si quieres seguir tu reducción de muletillas con el paso de las semanas, Deepr puede analizar tus patrones de habla y mostrarte un progreso concreto. Ver cómo bajan las cifras resulta curiosamente satisfactorio.